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Mutuo, svástica y puzol E-Mail
Escrito por Fémina Sanguinaria   

Mutuo era el estremecimiento, ambos cuerpos exhaustos, destilados y extraviados en las delicias del placer. Luna, lo mira fijamente, como tratando de memorizar cada facción, repasa cada arruga de su cara y se pregunta si ella es la primera. Pensaba que eran como Lulú y Pablo, como Frida y Diego. Mientras la curiosidad la corroe, él despierta sin que ella se dé cuenta, la toma nuevamente para absolverla del pecado, ablución tras ablución entre aquellas sabanas blancas.

Ella recuerda la vez que el profesor le hizo la proposición. Aquel día trataban el tema de las alegorías, explicaba el impacto de una línea o una curva, trazos abruptos, círculos infinitos, el azul, el verde y el color del amor; ejemplificó dibujando en el pizarrón una  svástica, y cómo denotaba poder y destrucción para los nazis; habló también de palomas blancas y justicia divina. Como ya era costumbre en el descanso, el profesor se dirigió al área de la antigua escuela, donde la conserje le preparaba su propio café, el excéntrico aroma de un café italiano. Así olía él, a Italia. Luna lo siguió. Ella anhelaba beber de su taza, deseaba que se impregnara toda de ese amargo sabor.

- ¿Lo has pensado? – Le preguntó el profesor -  recuerda que esa es la condición.

- sí – respondió sonrojada y nerviosa – Quiero tu café

Ante todo y ante nada se arriesgaron. ¿La condición? emigrar hacia tierras europeas, donde su vida bohemia sentaba bien; sólo para que Luna pudiera probar el café de sus labios, para así terminar arrinconados en una suave cama, en una casita rústica, decorada con puzol.

 
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