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Escrito por Fémina Sanguinaria   

-         Qué horrible quedó este lugar, macabroa pesar de su pulcritud, demasiado blanco, no le hace honor a tu personalidad interna.

-         ¡NO!. He de confesar que me siento ajena,todo lo atávico  huyó, los ecos danzantes,el arte incomprendido, todo ya murió, pero que le hacemos si no es mi casa-dices con un tono melancólico y dotado de sarcasmo.

 

Está de pie,en medio de aquel cuarto vacío e irreconocible. Atónita, mira lo que el pasado memorableno dejó: los trazos abruptos ultrajando la vieja pared, el lívido olor a  canabis oculto tras los muebles, los llantos,las risas, los astros. Mosaico blanco, paredes lilas. En eso se convirtió, enel santuario de la princesa de mamá, libre de virus porcino y crisis (y todo loque atormenta a la sociedad), libre de pecado.

 

 -         y ¿que harás?

-         Sinceramente, no lo sé, supongo quevolver a empezar. Ya estoy cansada. ¿Qué irónico no?

-         No le veo la ironía

-         Sí, en este lugar, se han creado losmás grandes dementes, y ahora que empezaba mi metamorfosis, me lo quitan todo.Todo mi trabajo echado a la basura. Música del más allá…y yo sigo estando tanacá.

-         Puede ser, pero no le veo lagravedad, no te entiendo. Bueno, te dejo tengo que salir a realizar mis comprasde pánico.

 

Ya ensoledad, se acerca a la pared, cierra los ojos, y roza con las yemas de los dedoscada una, se sabe de memoria cada grieta con palabras. Un escalofrío sacude sucuerpo. Se topa con el marco de la puerta (la puerta ausente debido a laremodelación). Realiza mímica como tocando cada contorno del quetzalcóatl talladoen la madera desgastada, el quetzalcoatl  custodio de su aposento…

 

Se rasca lacabeza, piensa en su agorafobia. Se asoma a la ventana cuidadosamente y ve a lagente pulular, tiene miedo, no hay protección. El aire pasa denso entre susfosas nasales, aire impregnado de ether asfixiante. El aire comienza a faltar.

 

De pronto lavista se nubla, te desvaneces. En unos segundos se dibuja la película de tuvida, la que pasará; recuerdas a los que se fueron y los que vendrán, familia,amores, desamores, incautos conocidos, voces, cada vivencia, cada suspiro, cadaorgasmo bienvenido, y uno que otro suicido…

 

 -         ¡Despierta! ¡levántate rápido! – te grita,mientras te mueve exasperadamente – hay pavor en la ciudad, tu u-topós tiembla –y te coloca un cubrebocas de lindo tono azul turquesa, como el mar…

 Aspiras profundamente,y vuelves en si, mientras te ayuda a incorporarte

 -         ¡se están transformando!, ¡no haycontacto ni físico, ni mental, no hay comida, no hay nada!, tenemos queencerrarnos, huir internamente.

 

Aún aturdida,te diriges a la ventana, te quedas ahí parada un rato. Observando fijamente cómocorren los demás. Y por primera ves no tienes miedo, sonríes. Una tras otra, lasprendas caen de ti, tu alma desnuda no siente frío ni calor. Te quitas loslentes, accesorios  y pendientes, sólocuelga de tu muñeca el dios que te obsequiaron, tu concepto de dios y labolsita roja de terciopelo que a tu paso deja un hilo de aroma alcanfor y eterclaro, no lo dejas porque quieres de compañero aquel olor.

 

-         ¡qué haces! ¡estás loca! ¡Regresa!

-         Sí y no. Sí estoy loca y no regresaré,por lo el momento no.

-         ¡Pero, no sabes qué hay afuera, teatacarán, morirás!

-         Y qué, de todos modos tenía quevolver a comenzar. Cuida bien la habitación, adécuala para mi regreso, tira loque ya no sirve, hazla tuya de nuevo.

 

Te disponesa salir, volteas una última vez, antes de partir. Le sonríes. Te despides. Caminascontra corriente, la oscilación de la tierra parece obedecer al movimiento detus caderas…y te pierdes entre caos y ruidos estridentes…Dejas caer el objetodel color del mar, en señal de que algún día, ya cambiada, tal vez regresarás. 

 
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