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Escrito por Ernesto
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lunes, 13 de octubre de 2008 |
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Darse cuenta que sostenía el mundo bajo la uña fue el encuentro más holocaustico que le había ocurrido hasta entonces.
Catastrófico, fue que se dirigió presuroso a la farmacia que se localizaba a no más de 300 pasos, por la avenida que se desquebrajaba poco más adelante.
Se acercó al farmacéutico con pose grandilocuente, señorial, midiéndolo de pies a cabeza y con voz sumisa, pidió un cortamundos.
–¿¿¡¡Un cortamundos!!??-
Exclamó asombrado el encargado de las patentes. Volvió a preguntar, pero, más para hallar alguna respuesta de aquel joven que se decidía, así como así, cortar un mundo, en tal cuestionamiento (se) preguntaba porque antes nunca había vendido algún cortamundos, ¡¡es más!!, nunca se le había presentado la ocurrencia de aplastar un mundo, de estrujar un mundo, de coartar un mundo. ¡¡Es más!! No había visto un estrujador de mundos que viniera como los demás proveedores a surtir y repartir mercancías novedosas y “esenciales”, así como tampoco, un vendedor de cortamundos. Rió temeroso de ser tomado como un pelele de bata blanca tras un mostrador. Miró de cabeza a pies al joven que parecía decidido a mostrar su dedo índice causante de tan inoportuna demanda.
-¡Mire mire!-
Sostenía inquietante y angustiado su firme dedo con la ayuda de su otra mano, como si por sí solo el brazo derecho no pudiera, como si pesara una eternidad, un abismo negro, una masa inapropiada, pero ciertamente propia.
El farmacéutico embelesado, no lo podía creer. De verdad presentaba un mundo por debajo de la corteza fibrosa. Y sin quitar la mano del mostrador que empezaba a quebrarse a causa de tremendo peso que padecía acrecentarse, mencionó,
-me lo descubrí esta mañana al intentar asear la chimenea hollinada… Yo creo que de allí lo pesque, y como no he estado óptimo de salud, me encontró vulnerable- .
Llevaba un mundo con sus mares, sus planicies, sus nubosidades. Un mundo todo meticulosa… o mejor dicho, cuticulosamente formado.
La pose señorial con la que se había presentado en un inicio, se le iba desvaneciendo y de a poco, al mirar en un pasmo el rostro del farmacéutico y en espasmos los cotillas que se fueron acercando, se acomodó el dedo intransigente en la espalda y su hombro, y, caminando finalmente, enmudeció la a-venida de los hombres…
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Escrito por Cane
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jueves, 17 de julio de 2008 |
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-¡!Apolo, Apolo!!
-Se acercaba gritando Dionisio embravecido por los néctares que le daba la agricultura-
Apolo, rebosante en el suelo, desprendido de sus ropas más internas, se sacudía los ojos del extracto nocturno del que se había hecho poseedor. Adormilado aún, respondió
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Escrito por Cane
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viernes, 21 de diciembre de 2007 |
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-Dicen que hoy es el día…- el silencio mutuo completaba el curso -esperado, desde hace ya tiempo…-
Volteó al cielo anochecido, no para buscar alguna respuesta como la mayoría lo haría -…No recuerdo, pero fueron muchos los que murieron para este hoy…- continuó diciendo mientras miraba la arena, no para encontrar alguna señal.
-Como estrellas en el cielo, gránulos en la arena hay… como gránulos, en la tierra hombres igual.
Pero él será diferente-
Levantó sus pocas pertenencias y continuó, recorrió la primer duna cercana, la segunda, decidió avanzar.
-Mira, mira¡¡¡ allí anda la estrella anunciada, esa que dijiste que se presentaría.
Verdad que sugiere cogerla entre las manos.
No, no es pregunta.
¿Puedo?-
Arribó las manos como cuando se toma agua del río.
-Cerca ando de donde hemos decidido andar. Poco falta para hallar la cueva donde se posará un cuerpo.
Sí,
diminuto y apalabrado,
el verbo hecho cuerpo.
El cuerpo hecho nombre.
¿Hombre?
Quizás…-
Resbaló sin (s)ostenerse por completo mientras avalanchaba las partículas de arena que surtían efecto de caricia desde que probó las delicias que le proporcionaban.
Yacido, siguió pronunciando -¿Pesebre? Posiblemente, pero la cueva tiene sus propiedades y sus bondades. Un niñito allí anidará, nombrará los versos y versará los caminos.
Sí sí,
continúa… el tuyo y el mío…-
Acomodaba el rostro amado de aquella mujer con sus manos callosas para darle lugar al quejo, mientras penetraba sus labios salados con un beso que anunciaba el deseo de avanzar…
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Escrito por Ernesto
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viernes, 23 de noviembre de 2007 |
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-Ya viste a la nueva vecina- preguntó exagerando el paso por el pasillo del edificio
-Cual, la del setecientos setenta y uno?- contesta Miguel con tono burlesco.
-Anda anda, esa mera, es una preciosura de mujer- sube los escalones hacia el octavo piso agarrando un trozo de carne– la otra ocasión estaba viendo como lavaba los trastes…-
-no m a m e ss -replica Miguel en tono asombrado- como te pones a espiarla, y ¿si se da cuenta?-
-Por supuesto que se dio cuenta vi como me miraba asombrada y hasta soltó un grito que tuve que ir al baño-
-Pinche puerco- sostiene Miguel
-noo¡¡, me cae, tuve que ir al baño porque ya no soportaba más-
-No mames cabrón no me cuentes tus porquerías-
- y esa no ha sido la primera ocasión, la otra vez en lo que me acomodaba en el espejo del baño, escuchaba como ella cantaba mientras se duchaba, y que rápido llego a su puerta y le dejo un presente, allí acomodado, toque el timbre y regrese al baño y otro grito-
-Ahh ahora entiendo pinche tuerto-
-No te burles cabrón que me deshago por ella-
-No pus si que te trae como bestia, ¿y ahora que chingados piensas hacer?-
-ots, ots, ya veras ya veras-
-No mames cabrón no te duele?-
-no, ni tanti…-
Miguel empieza a ver con asco el chorro de sangre que se escurre por las escaleras -ahora tendré que lavar este pinche pasillo porque este cabrón… todo por mostrarle su puto corazón… no si me cae que era un pinche perro…-
Cane |
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Escrito por Cane
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miércoles, 31 de octubre de 2007 |
Como las calles, luces y ambas,
como los perros, como los gatos,
como los pollos y sus gallinas.
Como los caballos que van corriendo,
como las aves que van flotando,
como las calles de nuevo.
Como las playas, como lo mares,
como los dioses, como los hombres.
Como lo humano y lo inhumano,
como los juegos, los ciruelos,
las manzanas, como las mujeres,
como los olores. Como la muerte, como la vida,
como, como… como tanto que sólo pierdo
el intento deglutando…
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